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viernes, abril 17, 2026

La atrofia vaginal y la sequedad íntima, un problema frecuente que puede tratarse y mejorar la calidad de vida de las mujeres

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La doctora Laura Barbero, especialista en Ginecología del Hospital Quirónsalud Vitoria, explica que la atrofia vaginal consiste en un «adelgazamiento de las capas que forman el epitelio de la vagina debido, principalmente, al descenso de estrógenos. Esto provoca que el tejido pierda elasticidad, hidratación y capacidad de defensa frente a infecciones»

Los cambios hormonales a lo largo de la vida, especialmente durante la menopausia, están detrás de síntomas como la sequedad, el picor o el dolor en las relaciones sexuales.

La atrofia vaginal y la sequedad íntima son trastornos de salud frecuentes que afectan a muchas mujeres, especialmente a partir de la menopausia, aunque pueden aparecer en otras etapas de la vida. La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) señala que la atrofia vaginal es una condición frecuente en la mujer posmenopáusica, aunque en muchos casos permanece infradiagnosticada porque no siempre se consulta por estos síntomas. 

La doctora Laura Barbero, especialista en Ginecología del Hospital Quirónsalud Vitoria, explica que la atrofia vaginal consiste en un «adelgazamiento de las capas que forman el epitelio de la vagina debido, principalmente, al descenso de estrógenos. Esto provoca que el tejido pierda elasticidad, hidratación y capacidad de defensa frente a infecciones». Esta alteración puede manifestarse con síntomas como sequedad vaginal, escozor, picor o dolor durante las relaciones sexuales, y en algunos casos se asocia también a infecciones urinarias recurrentes o molestias en la vida diaria. 

Un proceso ligado a las etapas hormonales 
A lo largo de la vida, el organismo femenino atraviesa diferentes etapas hormonales que influyen directamente en la salud íntima. «Factores como el envejecimiento, los partos vaginales, los cambios hormonales o determinados tratamientos médicos pueden desencadenar síntomas como sequedad o atrofia vaginal, que durante mucho tiempo se han considerado normales o inevitables», señala la doctora Barbero. 

Sin embargo, insiste en que estos síntomas no deben asumirse sin más: «Actualmente contamos con opciones para abordarlos y mejorar el bienestar y la calidad de vida de las pacientes». El abordaje de la atrofia y la sequedad vaginal debe ser individualizado y puede incluir tanto tratamientos hormonales como no hormonales. «Es fundamental realizar una valoración personalizada que tenga en cuenta la edad, los antecedentes clínicos y las necesidades de cada mujer. No existe un tratamiento único válido para todas», subraya la especialista. 

Entre las opciones disponibles se encuentran los tratamientos hormonales locales, los lubricantes e hidratantes vaginales y, en los últimos años, las técnicas de medicina regenerativa. «Estas técnicas permiten estimular los mecanismos naturales de reparación del organismo, favoreciendo la producción de colágeno, mejorando la elasticidad y la hidratación del tejido vaginal», explica la doctora Barbero. Dentro de este enfoque, el uso de láser vaginal de CO₂ fraccionado se ha consolidado como una opción para tratar estos síntomas. «En el caso del láser, conseguimos reactivar la producción de colágeno de forma natural, lo que favorece la regeneración del tejido, mejora la lubricación y aporta mayor elasticidad», detalla la ginecóloga. Se trata de un procedimiento mínimamente invasivo que se realiza en consulta, sin necesidad de ingreso hospitalario. «El tratamiento suele ser bien tolerado y permite a la paciente retomar su actividad habitual en poco tiempo. Habitualmente se recomiendan varias sesiones espaciadas para obtener resultados progresivos», añade. 

La doctora señala que más allá de las molestias físicas, la atrofia y la sequedad vaginal pueden tener un impacto relevante en la calidad de vida, el bienestar emocional y la salud sexual. «Cuando se reducen las molestias y la mujer recupera la comodidad en su día a día, también mejora su confianza y la relación con su propio cuerpo. Por eso hablamos de salud y calidad de vida, no solo de síntomas», concluye la doctora Barbero.

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