El traumatólogo de Policlínica Gipuzkoa, Dr. Antonio Martín, advierte de que el cambio brusco al calzado de verano dispara lesiones como la fascitis plantar, el neuroma de Morton o los esguinces. El especialista recomienda evitar el uso prolongado de chanclas y apostar por un calzado cómodo, que sujete el talón y respete la forma natural del pie. «Hay que hacer zapatos para los pies y no pies para los zapatos», resume el especialista, que recuerda que el dolor nunca debe considerarse normal
Con la llegada del verano, el cambio de calzado y el aumento de las actividades al aire libre provocan un incremento de las consultas relacionadas con el dolor de pies. El paso de un zapato cerrado y protector a las chanclas, sandalias o incluso caminar descalzo supone una exigencia para el pie que, en muchas ocasiones, desemboca en lesiones como la fascitis plantar, el neuroma de Morton o los esguinces de tobillo.
El traumatólogo de Policlínica Gipuzkoa, Dr. Antonio Martín, especialista en cirugía del pie y tobillo, explica que este cambio estacional exige una adaptación que muchas personas pasan por alto. «Pasamos de un zapato muy protector, con amortiguación y cierto desnivel en el talón, a un pie prácticamente desnudo. El pie pasa de una exigencia mínima a una exigencia máxima y no siempre está preparado para asumir ese cambio», afirma.
Como consecuencia, durante los meses de verano aumentan las patologías relacionadas con la sobrecarga del pie. La fascitis plantar es una de las más habituales, debido al mayor esfuerzo que soporta el arco plantar. También es frecuente el neuroma de Morton, que provoca un intenso dolor en la parte anterior del pie, así como los esguinces de tobillo, favorecidos por un calzado inestable y por la práctica de actividades deportivas propias de esta época del año.
Las chanclas, solo para trayectos cortos
Aunque son el calzado por excelencia del verano, el Dr. Martín insiste en que las chanclas deben reservarse para desplazamientos puntuales, como ir de la piscina al vestuario o de la playa al coche.
«Las chanclas obligan a sujetarlas con los dedos, que terminan adoptando una posición en garra. Esto desplaza la almohadilla plantar hacia delante, aumenta la presión sobre los metatarsos y favorece lesiones como la fascitis plantar o el neuroma de Morton», explica.
Siempre que sea posible, el especialista recomienda optar por un calzado que sujete el talón y aporte estabilidad, incluso cuando se trate de un zapato abierto.
Arena, montaña… también requieren preparación
El verano también invita a caminar por la playa o realizar rutas de montaña, actividades muy beneficiosas para la salud, aunque no exentas de riesgos si no se realizan con la preparación adecuada.
Según explica el traumatólogo, caminar por la arena supone entre un 20 y un 50 % más de esfuerzo para la musculatura y para el propio pie. «Ese aumento de la exigencia puede traducirse en molestias en el tendón de Aquiles, los gemelos, la musculatura lumbar o incluso en pequeñas roturas musculares cuando el cuerpo no está preparado», señala.
En el caso de las rutas de montaña, recuerda que la mayoría de las lesiones se producen durante el descenso, cuando aparece la fatiga y aumenta el impacto sobre las articulaciones. Por ello, aconseja utilizar un calzado adecuado y, siempre que sea posible, apoyarse en bastones para reducir la carga.
«Hay que comprarse el calzado mirando al techo»
Más allá de modas o tendencias, el Dr. Antonio Martín resume en una frase el mejor consejo para cuidar los pies durante todo el año: «Hay que comprarse el calzado mirando al techo».
Lejos de ser una ocurrencia, la recomendación encierra una idea muy sencilla: al probarse un zapato, la atención debe centrarse en las sensaciones del pie y no en la imagen que devuelve el espejo.
«En las zapaterías solemos mirarnos al espejo para comprobar cómo nos queda el calzado. Yo siempre digo a mis pacientes que miren al techo y le pregunten al pie si está cómodo. Si aprieta, roza o duele, ese zapato no es para nosotros», explica el especialista.
El traumatólogo recuerda que el calzado ideal debe reunir tres características fundamentales: ser cómodo desde el primer momento, sujetar correctamente el talón y respetar el espacio natural de los dedos. «Tenemos que hacer zapatos para los pies y no pies para los zapatos. Cuando es el pie el que tiene que adaptarse al calzado, con el tiempo aparecen deformidades y dolor», subraya.
Finalmente, el especialista insiste en que el dolor de pies nunca debe considerarse normal. «Podemos acabar el día con sensación de cansancio, pero el dolor siempre es una señal de que algo no funciona correctamente. El pie nos está avisando y conviene escucharlo antes de que el problema vaya a más», concluye.