El programa combina el seguimiento por la misma cardióloga, entrenamiento individualizado y educación en salud. Una evaluación inicial y otra al finalizar permiten conocer el punto de partida de cada paciente y comprobar su evolución
Después de un infarto, la colocación de un stent o una cirugía cardíaca, muchos pacientes necesitan apoyo para recuperar su capacidad física y cuidar su salud cardiovascular. También hay personas que, sin haber pasado por un ingreso hospitalario, encuentran dificultades para hacer ejercicio, controlar sus factores de riesgo o mantener los cambios que les han recomendado.
Clínica SAMON aborda estas necesidades con un programa en el que la Dra. Nieves Montoro, cardióloga clínica, y Javier Herrera, fisioterapeuta, trabajan de forma coordinada. La valoración médica y el entrenamiento físico forman parte de un mismo plan, que se adapta a la situación del paciente y se revisa durante su evolución.
Un programa que va más allá de la recuperación tras un infarto
El programa de rehabilitación cardíaca está dirigido a pacientes que han sufrido un infarto, se han sometido a una intervención coronaria con stent o han pasado por una cirugía cardíaca. Tras valorar su situación clínica, también pueden beneficiarse personas con enfermedad arterial periférica o fibrilación auricular que necesitan mejorar su capacidad física y el control de su enfermedad.
SAMON aplica asimismo este enfoque a la prevención cardiovascular: personas con hipertensión, colesterol elevado, diabetes, exceso de peso o sedentarismo que necesitan acompañamiento para introducir cambios sostenibles.
Los objetivos y el ejercicio se individualizan. Recuperarse de una cirugía, caminar mejor pese a una enfermedad arterial o comenzar a entrenar después de años de inactividad requieren planes diferentes.
Tres ejes que se trabajan de manera conjunta
El programa se basa en los principios de la rehabilitación cardíaca y reúne tres componentes:
Seguimiento cardiológico cercano y continuado. La misma cardióloga acompaña al paciente durante el proceso, revisa su evolución, controla los factores de riesgo y ajusta la medicación cuando es necesario. La comunicación con el fisioterapeuta permite incorporar la respuesta al ejercicio a las decisiones clínicas.
Entrenamiento de fuerza y ejercicio aeróbico. El fisioterapeuta adapta el trabajo a la capacidad inicial, las limitaciones y los objetivos de cada persona. Las cargas y la intensidad progresan según su respuesta, con el propósito de mejorar tanto la resistencia como la fuerza necesaria para las actividades cotidianas.
Educación en salud cardiovascular. El paciente aprende a comprender su enfermedad, el sentido de su tratamiento y cómo cuidar su salud en el día a día. Saber qué ejercicio realizar, reconocer síntomas relevantes y entender los factores de riesgo le permite participar con más autonomía en su cuidado.
Primero conocer el punto de partida
El programa comienza con una evaluación de la salud cardiovascular, la condición física y la situación psicosocial. Además de los antecedentes y el tratamiento, se tienen en cuenta los hábitos, las dificultades para mantenerse activo y las circunstancias que pueden influir en la recuperación o en el autocuidado.
Los resultados se representan en un radar de salud, una gráfica que permite visualizar las distintas áreas evaluadas, y en un índice global de seguimiento. Ambos ayudan a explicar al paciente su situación inicial y a acordar prioridades concretas.
Esta información sirve para diseñar la intervención y comparar posteriormente la evolución. El índice resume los aspectos evaluados dentro del programa; no sustituye la valoración médica ni los cálculos clínicos de riesgo cardiovascular.
Una intervención de dos a tres meses adaptada a cada paciente
La fase de intervención suele durar entre dos y tres meses, con una o dos sesiones presenciales por semana, según las necesidades del paciente.
Durante este periodo se combina el entrenamiento supervisado con el seguimiento de la actividad física diaria. Así, el trabajo realizado en la clínica se traslada también a la vida cotidiana, y el equipo puede detectar dificultades y ajustar las recomendaciones.
El seguimiento médico se mantiene durante toda la intervención para revisar síntomas, controlar los factores de riesgo y modificar el tratamiento cuando esté indicado. Cardiología y fisioterapia comparten la evolución del paciente para que el plan avance de forma coherente.
Volver a evaluar para comprobar los cambios
Al finalizar la intervención se repite la evaluación inicial. La comparación permite comprobar qué áreas han mejorado, cuáles necesitan más trabajo y cómo debe continuar el paciente.
El radar y el índice global facilitan visualizar esa evolución, junto con los resultados clínicos y físicos. A partir de ellos, el equipo establece las recomendaciones de ejercicio y seguimiento para la siguiente etapa.
«El valor del programa reside en integrar la atención médica, el ejercicio y la formación del paciente dentro de un acompañamiento continuado. El objetivo es mejorar su salud cardiovascular y su capacidad física, y ayudarle a mantener los avances una vez terminada la intervención» señala la Dra. Nieves Montoro.
Las personas interesadas pueden solicitar una valoración inicial en Clínica SAMON para conocer si el programa se adapta a su situación y qué objetivos pueden plantearse.