El esguince de tobillo es una de las lesiones más frecuentes, especialmente en deportes con terrenos irregulares o cambios de dirección, como las carreras por el monte, el fútbol, la escalada o el baloncesto. • El Dr. Juan Zaldúa, traumatólogo de la Unidad de Pie y Tobillo de Policlínica Gipuzkoa, advierte del riesgo de banalizar esta lesión
«La persistencia de dolor, inflamación o limitación funcional más allá de 2–4 semanas debe ser motivo de consulta al traumatólogo».
«Fortalecer la musculatura del pie y del tobillo es clave para prevenir esguinces y evitar recaídas o inestabilidad crónica».
«Todos hemos sufrido alguna vez un esguince de tobillo o conocemos a alguien que lo ha padecido. Sin embargo -advierte el Dr. Juan Zaldúa, traumatólogo de Policlínica Gipuzkoa y especialista en Pie y Tobillo-, no todas las torceduras del tobillo son iguales ni deben abordarse de la misma manera. Un esguince se produce cuando se genera una torsión del tobillo que provoca una distensión o rotura de los ligamentos que dan estabilidad a la articulación, pero el pronóstico depende del grado de lesión y de si existen daños asociados», explica.
Con la llegada de la primavera y el auge de actividades deportivas al aire libre como las carreras populares, el trail running, la escalada, el senderismo o los deportes colectivos, aumenta también la incidencia de este tipo de lesiones. «Los terrenos irregulares -explica el trauamtólogo experto en pie y tobillo de Policlínica Gipuzkoa-, las bajadas pronunciadas, los cambios bruscos de dirección y las rotaciones rápidas del pie incrementan el riesgo de sufrir una torcedura. En deportes como el running de montaña, las bajadas sobre piedra suelta generan con frecuencia esguinces en inversión, que no solo afectan a los ligamentos, sino también a otras estructuras del tobillo», señala el doctor Juan Zaldúa.
Más allá de la ‘simple torcedura’
«Uno de los principales errores -según el Dr. Juan Zaldúa-, es restar importancia a la lesión. Se tiende a normalizar el esguince y a pensar que todos evolucionan bien, pero en muchos casos no se realiza un diagnóstico preciso y eso condiciona una mala evolución». «Existen distintos grados de gravedad -explica-, desde una leve distensión ligamentosa hasta una rotura completa, que puede ir acompañada de lesiones del cartílago o de los tendones peroneos, fundamentales para la estabilidad del tobillo».
En este sentido, Zaldúa insiste en la importancia de acudir a consulta del traumatólogo cuando los síntomas persisten más allá de las dos a cuatro semanas. «La inflamación -apunta Zaldúa-, el dolor mantenido, la sensación de inestabilidad o la limitación de la movilidad son señales de alerta. En estos casos es necesario realizar pruebas de imagen, como ecografía o resonancia magnética, para descartar lesiones asociadas que empeoran claramente el pronóstico».
Recuperación, tiempos y riesgos de una mala curación
Tras descartar una fractura, el tratamiento inicial de un esguince suele consistir en reposo relativo, aplicación de frío y, en algunos casos, vendaje funcional. Posteriormente, la fisioterapia juega un papel clave para reducir la inflamación, recuperar movilidad y planificar una reincorporación progresiva a la actividad física.
«No respetar los tiempos de recuperación es uno de los fallos más habituales», advierte el traumatólogo de la Unidad de Pie y Tobillo de Policlínica Gipuzkoa, quien añade que «una vuelta prematura al deporte puede favorecer los esguinces de repetición, una situación que genera inestabilidad crónica del tobillo y que, a medio o largo plazo, puede acelerar el desgaste del cartílago y derivar en artrosis».
«En los casos más leves -apunta Juan Zaldúa-, la actividad deportiva puede retomarse de forma progresiva en un plazo de cuatro a ocho semanas. Sin embargo, cuando existe una rotura completa del ligamento o lesiones asociadas, la recuperación puede alargarse varios meses y, en situaciones concretas, requerir cirugía. La intervención suele ser poco invasiva y el paciente se marcha a casa el mismo día, pero la clave es llegar a ella con un diagnóstico claro», puntualiza.
La prevención empieza en el propio pie
De cara a prevenir nuevas lesiones, el traumatólogo Dr. Juan Zaldúa subraya la importancia de trabajar la musculatura del pie y del tobillo. «Muchas veces olvidamos que el pie tiene músculos que debemos fortalecer. Mejorar la fuerza y la propiocepción es la base de la estabilidad». También recomienda valorar la pisada y, solo en casos seleccionados, utilizar plantillas estabilizadoras.
En esta línea, movimientos como el «barefoot» o caminar descalzos buscan precisamente activar la musculatura intrínseca del pie. «Un pie fuerte protege al tobillo. La prevención no depende solo del calzado, sino del trabajo personal y constante», concluye el especialista de Policlínica Gipuzkoa.